La gente se olvida con frecuencia de que lo que realmente cura no son las medicinas ni las intervenciones quirúrgicas, sino esos pequeños detalles que te alegran el día y te hace ver la vida con un color difícil de describir.
Si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a tí mismo. Te sorprenderá lo que cambia la cara de alguien cuando le das los buenos días con una enorme sonrisa Profident.
Porque la gente puede quitarte las ganas, las cosas, el dinero, la vida,... pero ni por esas la felicidad.